Hace ya más tiempo del que me gusta confesar, que dedico parte de mi vida laboral a entrevistar postulantes a posiciones gerenciales.

Como coach laboral, también se me consulta sobre que, cuando consiguen ser llamados para entrevistas laborales, no llegan a recibir ofertas concretas.

Mi primera observación es la falta de preparación!

He aquí la línea de pensamiento imperante (y equivocada) que – creo – tiene la mayoría de los postulantes, aún siendo profesionales de interesante trayectoria… piensan:

– “Es sólo una entrevista. Quieren saber qué es lo que hice. Soy yo, se trata de mi carrera laboral; pues bien, todo eso lo conozco al dedillo. ¡Pan comido!” Veinte minutos de investigación en la página de Internet de la compañía, y listo! Punto final. Es todo lo que necesito! Y… si no me dijeron el nombre de la empresa, bueno, que me conozcan y listo.”-

Acto seguido, usted se encuentra en la entrevista y se da cuenta de que no se está enterando de nada que merezca la pena saber. Incluso piensa que no tiene demasiada idea de qué averiguar o indagar. Como si esto fuera poco, de repente le hacen alguna pregunta que no era todo lo sencilla que esperaba. Empieza a ponerse incómodo. Trata de recuperar lo que considera que es terreno perdido. Cada vez que se presenta a una entrevista le pasa lo mismo: ¿A qué se deberá?

Algunas veces, su “actitud defensiva” se origina en algo que sucedió con anterioridad a la búsqueda laboral propiamente dicha. Si usted acaba de pasar por un despido, al cruzar la puerta de la oficina del entrevistador ya está a la defensiva. Si no tiene título profesional o se requiere uno específico que no es el suyo, usted ya está preparando su defensa como si fueran a juzgarlo. Si necesita el empleo con desesperación, en su cabeza ya está implorando piedad!

Los buscadores de empleo tratan de adecuarse a la posición solicitada sin saber si eso es lo que realmente desean. Como resultado, cuando van a una entrevista la gente trata de obtener el empleo en cuestión, se trate de lo que se trate. No digo que eso esté mal, pero hay que saber reconocer la diferencia entre el empleo que uno busca porque se adecua a su perfil y aquellos empleos que uno simplemente… busca porque cree que “no tiene más remedio”, o solo porque “necesita el dinero”.

Ocurre también que, si uno sabe con exactitud qué es lo que desea del “empleo de sus sueños”, se da cuenta de que la entrevista es un ida y vuelta y de que uno no tiene porqué ceder su poder para que el entrevistador se lo quede y lo mancille. Cuando usted cede el poder, el subtexto de lo que está diciendo –su tono de voz, su lenguaje corporal, sus respuestas, todo – pide a gritos: “¡Contráteme! ¡Por favor!” ¿Cómo lo sé? Yo he sido head-hunter por más de 40 años y he trabajado con ambos lados de la ecuación. En mis años de consultoría he descubierto que este tipo de conducta –que prevalece en todos los niveles de management y con cualquier escala salarial – podrá, a la larga, conseguirle un empleo, pero no necesariamente será uno en el que se sienta feliz!.

Las empresas buscan contratar personas talentosas. El talento muestra a las claras que ha pensado con detenimiento en su próximo trabajo y formula preguntas pertinentes y perspicaces que reflejan ese proceso de pensamiento. El postulante no teme pedir aclaraciones. Es un individuo con discernimiento que no pierde su tiempo ni el de la compañía.

El que va a una entrevista “entregado” y se pone a la defensiva no se comporta de esta manera. Balbucea cuando habla, tropieza con sus propias palabras al responder una pregunta. Está midiendo lo que dice para no dar respuestas que le desagraden al entrevistador, y enseguida corrige lo que dijo si percibe el más mínimo gesto de contrariedad. No es de sorprender, por cierto, que los postulantes que están a la defensiva con frecuencia terminen trabajando para empresas en las que se sienten insatisfechos.

En el siglo XXI las empresas buscan talentos que las ayuden a alcanzar sus objetivos. Los buscadores que se ponen a la defensiva en las entrevistas terminan en empresas que no valorizan a su gente.

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