El tema de cómo la gente elige su carrera y decide qué desea hacer en el trabajo siempre ha sido para mi de gran interés. Cada vez me desconcierta y me preocupa más el hecho de que muchas de ellas no han recibido orientación vocacional formalmente, ya sea cuando estaban en la escuela o la universidad o durante su vida laboral. También es evidente que no consultaron a un profesional especializado en orientación o coaching de carrera.

Un buen amigo y colega Mario Galvez llevó a cabo una investigación al respecto y redactó un artículo muy interesante, que es revelador. Con su permiso lo comparto a continuación. Abre los ojos y, en parte, explica la razón por la cual muchas personas no están satisfechas en el trabajo y no tienen un plan de carrera claro en ciertas etapas de su vida.

Si después de haber leído este artículo Ud. cree que una conversación sobre su carrera o su elección laboral le sería útil o necesita más información, por favor, contácteme vía infocm@cristinamejias.com o llame al 011 4807 0705.

El artículo de Mario dice lo siguiente:

“La mayor parte de la gente elige su carrera por motivos totalmente equivocados y muchas personas utilizan los “anteojos de personalidad” de otros. ¿Por qué ocurre esto?.

Durante los últimos 25 años, he visto cientos de clientes en persona y he hablado con ellos sobre su carrera. Durante ese tiempo, perdí la cuenta de la cantidad de personas que dijeron: “¡Odio los lunes a la mañana!” o algún otro eufemismo de “Realmente, no me siento contento o contenta con la carrera que elegí”. Sin duda, el paso siguiente es preguntar cómo la eligieron en primer lugar. Sin duda, no fue el resultado de una decisión basada en el conocimiento y la razón, y los responsables suelen ser ¡cualquiera menos un profesional especializado en orientación vocacional! Por lo tanto, ¿qué les preguntamos y cuáles fueron los resultados de estos 540 clientes sobre quienes hicimos la encuesta? Les entregamos el cuestionario con la siguiente pregunta.

“Por favor, marque el método que describe con mayor rigurosidad quién lo o la asesoró o cómo tomó la decisión que, finalmente, lo o la llevó al primer trabajo que tuvo después de finalizar sus estudios”. Las respuestas fueron:

1.      Seguí el consejo de mis padres 19%

2.      Seguí el consejo de mis educadores 5%

3.      Seguí el consejo de mis amigos 3%

4.      Quise llevarle la contra a mis padres 2%

5.     Un trabajo de media jornada mientras estudiaba se convirtió en mi primera vocación 8%

6.      Fluyó naturalmente al finalizar mis estudios 10%

7.      Simplemente seguí mi propia intuición 24%

8.      Tomé ideas de mi grupo de pares y las seguí 4%

9.      Seguí el consejo de parientes 1%

10.    Seguí el consejo de amigos de mi familia 1%

11.  Mi primer trabajo profesional se produjo de casualidad: lo descubrí sin proponérmelo 18%

12.  Busqué asesoramiento profesional y lo seguí 1%

13.  Ninguna de estas opciones. 7%

Agregué el porcentaje de clientes (y lo redondeé al próximo número entero) que respondió cada pregunta al final de cada opción. No haré ningún comentario sobre los resultados porque hablan por sí solos! No fue un estudio muy elaborado, pero fue revelador en muchos sentidos. Lo más importante fue que la mayoría de la muestra, siguió el consejo de otras personas, pero muy pocos (solo 1%) buscaron ayuda de un profesional.

Para ilustrar por qué se trata de un resultado perturbador, permítanme hablarles sobre Luis, sí, ese era su verdadero nombre. Luis me vino a ver en 2013. Tenía una idea brillante para un emprendimiento, pero sabía que, desde el punto de vista financiero, era arriesgado montar un nuevo negocio. Por consiguiente, pidió la opinión de algunos de sus colegas y amigos a fin de poder tomar una decisión más racional, basada en conocimientos, acerca de dejar su profesión. Lo había entusiasmado el hecho de pensar en su nueva empresa, pero, luego de haber hecho un sondeo de los puntos de vista de otras personas durante un par de semanas, su motivación inicial se convirtió en duda y confusión. Las opiniones eran extremas: “Es una idea maravillosa, ganarás una fortuna, seguramente tendrás éxito; haría la tentativa si estuviera en tu lugar” y “¡Caramba, Luis! Es admirable, pero ¿puedes lograr que tenga éxito?; me parece un poco arriesgado; hay mucha competencia, ya sabes, si estuviera en tu lugar, no me arriesgaría”.

Cuando después le pedí que me describa a sus amigos, resultó que el primer comentario provino de una joven elegante, apasionada y con iniciativa que tenía su propia consultora de marketing. El segundo era de un vecino que compartía con Luis el interés por el golf y hacía más de diez años que trabajaba como controlador de stock en una empresa local.

El problema básico surge de la naturaleza humana: a todos, yo me incluyo, nos gusta tener una opinión. Pero el problema con las opiniones es que casi siempre son subjetivas, a menos que hable con un profesional. Todos ven tu problema, tu dilema, tu decisión con sus propios lentes de personalidad. Es así. Cuando alguien dice: “Si estuviera en tu lugar, yo…”, lo que realmente quiere decir es lo siguiente: “Si tuviera tu problema, haría esto…”.  Y ahí está el quid de la cuestión. Lo que deberían decir a continuación es esto: “pero, como mis valores, mi motivación, mis intereses, mi personalidad y mis rasgos de personalidad son diferentes de los tuyos, supongo que mi decisión tal vez no es la adecuada para ti; tal vez deberías consultar a un profesional en vez de a mí”. Las personas, que aventuran una opinión sobre la carrera profesional de otra persona, ¡nunca piensan en agregar esta pequeña advertencia al final!

Lo mismo ocurre cuando, en edad ya “madura” (entre los 30 y los 50 años) Ud. se ha “cansado” de la especialidad en la que ha trabajado ya muchos años y se plantea LA GRAN PREGUNTA: a que otra cosa me podría dedicar?

Mi consejo?

Recurra a profesionales expertos!

Nuestro entorno… nos ve con “ojos de amor”. Y Ud. necesita un análisis objetivo de sus perspectivas!

Gracias por su lectura! Le invito a dar sus opiniones y comentarios. 

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